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Ver Con Fe

Santo a pesar de todo...

 

"Saquen ahora, les dijo Jesús, y llévenle al mayordomo"

Y ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua cambiada en vino,

sin saber de dónde lo habían sacado;

los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua.

Jn 2,8-9.

 

Ficha Técnica

Película: La leyenda del Santo Bebedor (1988)

Dirigida por: Ermanno Olmi

Actores: Rutger Hauer, Anthony Quayle, Sandrine Dumas, Dominique Pinon

Estudios: Aura Film, Cecchi Gori Group Tiger Cinematografica, Rai Uno 

Duración: 127’

Censura: apta para niños pero necesitan de la guía de adultos.

Breve comentario: Bastante buena, llena de metáforas y símbolos, pero algo lenta y puede cansar al espectador que no esté acostumbrado a este tipo de cine.

 

Comentario

 

Introducción

 

Entre los profetas del Antiguo Testamente y el rol profético de Jesús en el Nuevo existe un punto de continuidad en el cual se invita a ver la interioridad de la fe: «Desgarren su corazón y no sus vestiduras» recuerda el profeta Joel (2,13), mientras el salmista grita en su oración incesante «el sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, tú no lo desprecias» (Sal 51,19). Ir al interior del hombre no puede ser en ningún momento una excusa para encerrarse en sí mismo sino para encontrar allí al mismo Espíritu Santo que habita en la persona y le hace encontrar una vida distinta a la que ha llevado hasta ese momento. Allí está el punto de conexión real entre la actitud interna y externa de la fe: no es lo más importante el acto exterior, sino que debe estar fundamentado en una creencia profunda en aquello que se trasparenta el hecho.

 

De allí que la denuncia de las formas de religiosidad montadas sobre una estructura que oprimen al pueblo para dar honor a un dios inhumano es causa fundamental del grito profético de Jesús: «¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas!» (Mt 23,13-36). Y con su misma vida, el Cristo colocó a la inversa una cierta escala de valores que no permitía la cercanía ni a Dios ni a los hermanos, de esa forma dio más valor a la persona que al sábado, enfrentó el culto a la caridad –dándole prioridad a esta última- y fue más allá de todos los límites anunciando que el Reino de Dios es para los olvidados y excluidos de la sociedad: con ellos comió y bebió, a ellos les predicó y murió en la cruz como uno de esos desgraciados olvidados por Dios.

 

Ese es precisamente el tema de la película la leyenda del santo bebedor, dirigida por Ermanno Olmi y basada en el libro homónimo de Joseph Roth. Como hace Jesús en las Bienaventuranzas, Roth y Olmi se encargan de dar importancia a la búsqueda de la presencia de la Gracia en un relato lleno de miseria y cotidianidad. Si logra Olmi o no este gran encargo con su filme y una posible lectura espiritual del mismo, es la búsqueda propuesta al escribir estas páginas.

 

 

La historia resumida de la leyenda del santo bebedor

 

            En la primera escena encontramos a un anciano, a quien llamaremos Señor Distinto, bajando las escaleras de uno de los puentes parisinos sobre el Sena. Posteriormente baja un hombre algo bebido, llamado Andreas, a quien el Señor Distinto le dirige la palabra pidiéndole un favor. Esta escena es fundamental, ya que en ella se basa toda la película. Deja la petición del favor en suspenso y le ofrece algo de dinero a Andreas, quien diciendo que es un hombre de honor, no desea aceptar y hace finta de irse; pero inmediatamente el Señor Distinto le pide excusas y le dice que no es nada sino un cambio por el favor que le hará. Allí se da el préstamo a cambio de pagar el importe a la pequeña Teresa de Lisieux.

 

            Comienza así la caracterización del personaje principal, es decir Andreas: duerme bajo el puente, el pequeño cofre de los tesoros, el bar, los periódicos para cubrirse. También es necesario presentar la historia de Andreas, para lo que sirve el reloj en un primer momento, recordando su partida y la despedida de sus padres. Posteriormente va a un primer bar donde al pedir café le ofrecen licor, sale de allí para entrar a uno más elegante, pero al verse en el espejo sale inmediatamente a la barbería. No dejan de venir los recuerdos: su trabajo, el día que conoció a Carolina, las miradas...

 

            Al regresar al café continúan los milagros, como en su oportunidad los cataloga Andreas: un sastre le ofrece trabajo para dos días y a cambio de ello el pago será de doscientos francos, claro que con un adelanto inmediato de la mitad. Sale del café y pasa por una peletería, donde es atendido por una hermosa dama quien le vende una billetera usada adapta a él. Con periódico comprado el mismo día va al prostíbulo, donde a pesar de ser de día es atendido por una joven. No hay palabras, solamente gestos y miradas.

 

            Al día siguiente comienza el trabajo en casa del sastre. Lo atiende la esposa del sastre quien le confía una labor delicada: embalar la cristalería. Al fin del primer día de trabajo va a beber al bar, una copa detrás de la otra. El segundo día el sastre le promete con una señal salir a beber al terminar la labor, pero el sueño no se puede realizar. Esa noche Andreas duerme en un hotel pagado con el fruto de su trabajo.

 

            Lo despiertan las campanas y recuerda inmediatamente que es domingo y debe ir a pagar su deuda a la pequeña Teresa. Llega a la Iglesia de Sainte Marie des Batignolles, pero la misa ya ha terminado. Por lo tanto se refugia en el bar frente a la Iglesia y comienza a beber nuevamente. Al sonar las campanas llamando a la misa, el barista le recuerda que debe andar a la misa. Se dirige a la Iglesia, pero en la calle lo llaman desde un Taxi; es Carolina que lo encuentra. Al cruzarse las miradas vienen nuevamente los recuerdos: la mina, la mirada de Carolina, la prisión. Obviamente la mujer invita a su amigo a acompañarla y él acepta. Posteriormente almuerzan en un restaurante, claro que tanto en el taxi como en el restaurante los recuerdos vienen uno tras el otro: baile, tren, la mina, la casa de Carolina, el primer beso. En esta ocasión son recuerdos compartidos entre los dos. En la noche van a bailar, pero Andreas no sabe bailar así que ella baila con otros, pero él se cansa y se van a casa de Carolina, donde ambos comparten la cama.

 

            A la mañana siguiente, en el metro, Andreas viendo su pasaporte recuerda cómo asesinó involuntariamente al marido de Carolina. El sello Expulsé es visto en el pasaporte. Va en busca del sastre en el café y en su negocio, pero no lo encuentra. Así que no le queda más remedio que irse a su bar de siempre, donde se bebe gran parte de su dinero y le secuestran sus cosas. Luego, regresa al puente, a dormir en las calles, ebrio y cubierto de periódicos.

 

            Al despertarse tiene la primera visión de la pequeña Teresa, quien le reclama su ausencia el domingo, pero él la confunde como si fuera su pequeña hija hasta que se da cuenta de que es la santa quien le habla. Andreas se deja afeitar por otro vagabundo y hasta le hace bromas. Luego, subiendo las escaleras, se recuerda del portafolio que compró, donde consigue mil francos; los milagros aún continúan.

 

            De pronto, en el café, ve una fotografía de un boxeador cuyo rostro le es familiar. Es su amigo de infancia Daniel Kaniak. Lo va a encontrar y en el Hotel Champs Elysées encuentra al entrenador de Kaniak, quien lo lleva a su encuentro. Kaniak lo reconoce y lo invita a cenar en un restaurante de lujo, luego Kaniak coloca a su amigo en un hotel y, como signo de agradecimiento, Andreas lo lleva al prostíbulo, pero cuando salen las chicas el boxeador dice que es tarde, se para y se va acompañado de su amigo.

 

            Ya de vuelta en su cámara, Andreas fantasea con las posibilidades de ser servido en el hotel, siente unos pasos en el exterior de su recámara y se encuentra con Gaby, la bailarina del Casinò. Andreas se da un buen baño y cuando siente los mismos pasos de regreso, sale al encuentro de Gaby, quien la espera en su habitación. Al día siguiente amanece en la cama de Gaby, fantasea con Gaby bailando y luego, en la realidad, salen juntos a pasear a Fontainbleau. Gran día para ambos con su correspondiente noche.

 

            Al día siguiente es domingo, día para pagar la deuda con la pequeña Teresa. Luego de un momento de enfrentamiento con Gaby, sale para la Iglesia de Sainte Marie des Batignolles, pero también esta vez llegó tarde. Espera nuevamente en el bar y cuando va a buscar el dinero, ve que ha desaparecido. En su recuerdo ve a Gaby que le roba esa misma mañana. Luego ve sus lentes y se da cuenta que están rotos; la ocasión fue el golpe dado por Gaby esa misma mañana.

 

            Cuando sale para la Iglesia aparece un nuevo amigo, esta vez es Woitech, quien fue minero y boxeador con él. Van juntos a la Iglesia pero Woitech engaña a Andreas con una supuesta deuda. En esta ocasión Andres le da los doscientos francos a Woitech. Andreas se acerca a la pequeña Teresa, pero la ve escondido desde una columna. Obviamente Woitech lo esperaba para seguir bebiendo en el bar. De ahí se van al prostíbulo, donde pierden la noción del tiempo. Al salir encuentran una gran lluvia.

 

            Entrando en una reflexión profunda, se dirige a su puente y llegando a las escalinatas encuentra al Señor Distinto nuevamente. Otra vez le ofrece doscientos francos y se hace el desconocido (o desmemoriado) como si fuera la primera vez que viera a Andreas.

 

            Andreas se refugia en el bar de siempre, recibe sus cosas y bebe. Pasa allí la noche y ve a una pareja de ancianos que le recuerdan a su padre y su madre. Al día siguiente es domingo y regresa a Sainte Marie des Batignolles.

 

            Un nuevo milagro ocurre y esta vez es un policía quien le entrega un portafolio perdido con doscientos francos, la suma de la deuda. Va al bar y encuentra a Woitech quein pretende distraerle de pagar su deuda con la pequeña santa. Pero es aquí cuando ve por segunda vez a la pequeña Teresa y habla con ella, reconociendo con lágrimas sus intentos fallidos. Al quererse levantar, no puede, parece tener un ataque cardíaco y del bar lo llevan al la sacristía de la Iglesia para ser atendido, donde lo sientan en la silla del obispo y allí muere, no sin antes ver a la pequeña Teresa y ofreciéndole los doscientos francos.

 

 

Características técnicas de la película

 

            La producción de la leyenda del santo bebedor no es considerada de un tipo espectacular, si bien ha sido realizada bajo un concepto del cine como arte expresivo. Producida por tres empresas italianas –Aura Film, Cecchi Gori Group Tigre Cinematografica y Rai Uno Radiotelevisione Italiana-, el proyecto del film fue ejecutado en un tiempo de dos años. El productor Roberto Cicuto compra los derechos de la historia de Roth en 1983 y no es sino hasta 1986 cuando hablando con Tullio Kezich y su esposa Lalla, no surge el nombre de Ermanno Olmi como realizador de la película, siendo precisamente Lalla quien piensa en el director italiano[1]. Pero, como dice el mismo Fantuzzi, «nel frattempo Lalla Kezich, ispiratrice del progetto, è morta silenziosamente come il protagonista del racconto. Per questo motivo i titoli di testa del film si aprono con la scritta: “Ricordando Lalla”»[2].

 

Para el Festival de Venecia de 1988 el film La Leggenda del Santo Bevitore estaba listo, estrenándose en la muestra donde la película de 128 minutos de duración fue ganadora del León de oro. Para la filmación se empleó película eastmancolor de 35 mm, lográndose un formato final de proyección de una relación 1.85:1, lo que no puede observarse en la copia de video comercial actual. El sonido es aquél de calidad normal para una película de la época, es decir Dolby estéreo[3].

 

En cuanto al lugar de producción, primero pensó Olmi en ubicarla en Milán pero después se dejó llevar por el sentido de fidelidad al autor del relato (Joseph Roth) y se trasladó a París. Allí encontró todo tal cual como lo describía Roth a pesar de los años trascurridos desde su muerte en 1939.

 

Los idiomas de producción original fueron el francés y el inglés. Pero, ¿por qué esta necesidad de dos idiomas que se cruzan en una misma película? Es un recurso utilizado para marcar la diferencia entre el mundo de Andreas y la sociedad en la cual se mueve. Los amigos, de Andreas son todos de la región de Slesia, mientras que la ciudad que lo acoge es París.

 

Debido a la dificultad de los idiomas y la importancia de plasmar también la interioridad del personaje principal tal como se escribe en el libro original, las expresiones faciales y las miradas se convierten en elementos esenciales. Por eso, al hacer referencia a los recuerdos no hay palabras sino imágenes, son flashbacks que vienen presentados sin mayor introducción ni signos notables en un primer momento para el espectador. Solamente el ojo atento podrá encontrar las diferencias en el vestuario y el oído entrenado escuchará el discurso de la música que lleva en esos momentos. Hay un momento cuando Olmi utiliza este recurso del flashback con gran maestría, cuando Andreas y Carolina están en el restaurante y él comienza a recordar (se entiende por el close up a su rostro) y sus recuerdos se mezclan con los de ella, terminando este flashback con un primer plano al rostro de Carolina. Realmente es toda una poesía como es utilizado este recurso. También recurre a la repetición de escenas del pasado para insistir en la importancia de ese hecho en la vida de Andreas: el rostro de Carolina con su mirada en el primer encuentro y la despedida de sus padres en la estación.

 

Pero hay otro recurso que es usado de la misma forma que el flashback y por ello se convierte en un punto que no facilita la visión del film. Son las ilusiones y las visiones de Andreas. La atmósfera de toda la película ciertamente está llena de una cierta difusión que hace pensar en el ambiente nebuloso en el cual viven los adeptos a la bebida. Sin embargo hay momentos en los que el pensamiento de Andreas nos capta y nos lleva afuera de la realidad: cuando fantasea en la habitación del hotel o cuando mira a Gaby con ternura y muestra sus ilusión de ser reconocido por ella al final de una función. Pero las visiones no se presentan claramente como lo que son, y es que en realidad suceden para Andreas: la pequeña Teresa, ¿realmente aparece a Andreas, habla con ella, le ofrece dinero? No parece necesario saber si fue real o no, sino simplemente que fue una experiencia definitiva para Andreas, eso basta. Con la visión de sus padres la cosa es diferente; se sabe que ellos no están allí, pero el los ve en los ancianos que han llegado y sabe que aquello visto es una visión.

 

También es un artista Olmi al presentar los encuadres: es capaz de ir de un primerísimo plano a un plano amplio sin perder el equilibrio ni la atención de la escena. Primeros y primerísimos planos utilizados siempre para resaltar la expresión de la mirada y la interioridad del personaje, mientras que los planos medios y los planos completos son utilizados a menudo para mostrar la interacción entre los personajes entre sí o con el mundo exterior. Los planos amplios  sirven para ubicar en la escena y mostrar el lugar en el cual se desarrollan los hechos.

 

Por último en este punto, corresponde hablar del paso de escenas. Olmi no utiliza la difusión de escenas ni los cortes con fondo negro. Simplemente corta la escena y pasa a la siguiente, sin utilizar otro método distinto ni para los flashbacks, ni las ilusiones y visiones, ni para el mundo real. Esto muestra por una parte la posición tomada por el director, aquélla de mostrar los hechos tal cual son sin interpretarlos, mientras que por otra parte señala la dificultad exigida al espectador para discernir y descubrir cada momento del film.

 

 

Algunos símbolos utilizados por Olmi

 

            No se puede dudar de la categoría poética de la película de Olmi, y no se afirma esto por los diálogos sino por todo el conjunto final logrado, es decir la unión entre la música de Stravinsky y las escenas, la iluminación y el énfasis en determinados colores, los objetos y las mismas expresiones de los autores. Nada ha sido dejado al azar en la leyenda del santo bebedor y así lo reconoce Olmi:

 

In realtà basta una sola scelta sbagliata per stonare tutto, rompere l’armonia e togliere alla messinscena ogni forza di persuasione. Le decisioni minime confluiscono tutte nel quadro “grande” e se i segnali visibili che tu proponi sono errati imprecisi e discutibili, come puoi pretendere che lo spettatore ti stia a sentire, ti capisca e non si distragga? Io creo fermamente che il cinema è un’arte popolare, in qualche modo obbligata a rivolgersi al maggior numero possibile di persone. Il regista è autorizzato a essere ambiguo ma non confuso, riservato ma non oscuro, esigente magari ma non reticente. Quando giri una storia non tua, devi essere leale verso l’autore. Devi farti tramite fedele e per esserlo davvero devi leggere e rileggere, digerire, meditare, reinventare… Qualche volta, chissà, tradire. È anche bello essere costretti a leggere, lo dico io che non mi sono mai considerato un gran lettore, ma a leggere fino in fondo, finchè resta qualcos’altro da capire, un ulteriore strato da perforare, un ultimo recesso dove si nasconde il segreto più intimo dello scrittore[4].

 

            Ciertamente en el film la leyenda del santo bebedor, cada pequeño detalle tiene su sentido y significado, transformándose la tarea del lector del libro en aquélla de quien visualiza el film buscando llegar al fondo de lo que desea transmitir el director. También se debe ser consciente de que Olmi no facilita esta labor, puesto que su película no es fácil de entender a primera vista, exigiendo del espectador un esfuerzo para unir y dar sentido a los diversos trozos que presenta sin explicar. Por esto podríamos decir que la leyenda del santo bebedor es una película culta, que puede ser disfrutada desde la simplicidad pero para ser aprovechada al máximo cuando se dispone de diversas herramientas interpretativas. Ahora nos detendremos a presentar algunos de los símbolos utilizados por Olmi en esta obra.

 

Ø      Los tonos empleados en la película : Los colores son un recurso universal para expresar diversas sensaciones y se convierten en un llamado a sentimientos universales así como otros niveles del conocimiento, la cosmología, la psicología y la mística[5]. Por ello, el colorido en una obra como la leyenda del santo bebedor no puede pasar desapercibido, más cuando se trata de una forma de expresión de aquellos contenidos del libro original de Roth que no pueden ser dialogados. Hay tres tonos dominantes a lo largo del film: los tonos marrones grisáceos, los tonos rojos anaranjados y la gama del azul violeta. Pero antes de comentar los diferentes tonos más fuertes en la película, conviene presentar la distinción que hacen lo psicólogos de los colores fríos y cálidos, así como la importancia que dan a la claridad y oscuridad de los mismos; para explicar esto recurrimos a las palabras de Chevalier y Gheerbrant:

Les psychologues ont distingué les couleurs chaudes et les couleurs froides; les premières favorisent les processus d’adaptation et d’entrain (rouge, orange, jaune); elles on un pouvoir stimulant, excitant; les secondes favorisent les processus d’opposition, de chute (bleu, indigo, violet); elles ont un pouvoir sédatif, apaisant. (…) Claires et lumineuses, elles produisent un effet plus positif, mai qui peut être démesuré jusqu’a l’excitation; mates, éteintes, leur effet est plus intériorisé, mais peut devenir assez négatif[6].

 

o       Los tonos marrones grisáceos: En la película se puede diferenciar una serie de escenas en este rango de colores entre marrón y gris, que no llegan a ser el sepia fuerte –el cual recuerda las cosas viejas, de la antigüedad- ni un gris puro que porta a la tristeza y al mundo de los pensamientos e ideas. Tampoco se ve un amarillo fuerte, «couler de l’or et du soleil, possède une vertu magique (…) (et) propriétés prophylactiques»[7]. Sin embargo el movimiento entre estos tonos en las escenas comunes de la película de Olmi, persigue el objetivo de mostrar humanidad natural y temporal, un mundo que invita a la reflexión interior y un proceso de sanación que se lleva a cabo.

 

o       Los tonos rojos anaranjados: Como colores cálidos, hacen referencia a un proceso de adaptación, pero a la misma vez poseen una ambivalencia simbólica que puede ir de la mayor fe apasionada a la lujuria más desenfrenada. De por sí, al recordar el rojo el color de la sangre, también hace referencia al testimonio de la fe. Mientras el rojo claro invita a la acción que da vida, el rojo con sombras remite a lo secreto, al misterio de la vida. Esta ambivalencia se presenta con claridad en nuestra Leyenda. Las veces que está Andreas bajo el puente o cuando está gastando el dinero en bebida o la noche de la conversión final cuando está buscando mirar entre dormido y despierto a los ancianos en el bar (¿o sería buscándose a sí mismo?), se ilumina con un rojo fuerte que expresa claramente una presentación del misterio de su vida; mientras que cuando se encuentra trabajando o cuando está con Gaby o moribundo en la silla del obispo, el rojo claro es señal de la vida que nace.

Cuanto más se acerque al anaranjado, mayor será la expresión de un equilibrio inestable entre la vida espiritual y la líbido; equilibrio que se tiende a romper «dans un sens ou dans l’autre, et elle devient alors la révélation de l’amour divin, ou l’emblème de la luxure»[8]. Por ello, cada vez que ocurre un pequeño milagro en la vida de Andreas hay una iluminación con un cierto tono anaranjado, pero es más notable en el momento en el momento de la primera visión de la pequeña Teresa.

 

o       Los tonos azul violeta: Estos tonos son los llamados fríos que reclaman los procesos de oposición pero a la vez la calma y la paz. Los azules fuertes, tantas veces usados en la película pero con mayor intensidad en el momento del baile con Carolina, reclaman la profundidad, el amor inmaterial y la pureza de la transparencia de los sentimientos. Por otra parte, el violeta es el «coleur de la tempérance, fait d’une égale proportion de rouge et de bleu, de lucidité et d’action réfléchie, d’équilibre entre la terre et le ciel, les sens et l’esprit, la pasión et l’intelligence, l’amour et la sagesse»[9].

La mezcla y el sentido de estos colores es utilizado con maestría por Olmi. Tal vez el momento cumbre en este sentido es la última noche de Andreas, cuando en medio de sus visiones su rostro es iluminado por una mezcla de colores azul, violeta, rojo y anaranjado, mostrando la búsqueda de un equilibrio y una paz interior, el momento más importante de su reflexión interior, la pasión mezclada con el amor, pero sobre todo un sentido de equilibrio entre su sentido del cielo y la tierra que le lleva a ser fiel a su compromiso con el Señor Distinto.

 

Ø      Las escaleras: El sentido de las escaleras es unir las realidades celestes con las terrenales, recordar el camino ascendente del hombre hacia Dios y cómo el Señor ha bajado al encuentro del hombre. «L’escalier est le symbole de la progression vers le savoir, de l’ascension vers la connaissance et la transfiguration. S’il s’élève vers le ciel, il s’agit de la connaissance du monde apparent ou divin; s’il rentre dans le sous-sol, il s’agit du savoir occulte et des profondeurs de l’inconscient»[10]. Ciertamente este es el sentido que se le da a la escalera en la cual comienza la película. En ese primer momento, tanto el Señor Distinto como Andreas han bajado las escaleras, refiriéndose a la búsqueda de la salvación que existe en el inconsciente de nuestro bebedor. En el segundo momento de las escaleras, cuando ocurre el milagro de la billetera, Andreas está subiéndolas, signo de elevación por el pesar que sentía de haber fallado a la pequeña santa, expresión de un paso en el conocimiento de lo divino. En el tercer momento, el Señor Distinto y Andreas se consiguen en lo alto de las escaleras, expresión de un camino recorrido hacia la salvación y la proximidad de la “transfiguración”, es decir, del encuentro con la gloria de Dios.

 

Ø      El dinero: el dinero en este relato recuerda a la parábola de los talentos, el patrón que da a sus criados cierta cantidad de dinero para hacerlo rendir. Tanto en esa parábola como en esta historia, el dinero es simplemente un símbolo de los dones de la Gracia dados por Dios a cada uno. Los doscientos francos recibidos por Andreas son mucho más que dinero; son símbolo de la confianza del Señor Distinto (¿Dios?) en él, medio para expresar su bondad y mostrar su escala de valores, signo de dignidad y ser tomado en cuenta por alguien en la sociedad. Todo esto lo muestra Andreas cuando una y otra vez le repite al Señor Distinto, «sono un uomo d’onore».

La relación clara entre el dinero y la Gracia la presenta Andreas cuando se refiere a los milagros, es decir a recibir o conseguir dinero. Así se lo dice a Carolina («negli ultimi giorni mi capitano spesso dei miracoli, Tu credi nei miracoli?»), a Kaniak («gli ultimi giorni sono stati così belli… Figurati, ho in tasca mille franchi») y a Woitech (poco fa mi è capitata, traversando la piazza, un’altra cosa straordinaria, come negli ultimi giorni [...] è un segno di Dio, dovevo accettarlo, guarda: 200 franchi). Sí, para Andreas el dinero es un regalo de Dios, un signo de su amor y del cuidado de Dior por él.

 

Ø      La Iglesia: Como en toda experiencia religiosa, es necesario un toque de oficialidad, por eso la referencia a una determinada Iglesia, en la cual se debía pagar el débito. Otra signo de esta relación con la Iglesia oficial es el tener que entregar el dinero en manos del sacerdote luego de la misa; es la oportunidad de un contacto entre Andreas y un ente oficial de la Iglesia.

 

Ø      La pequeña Teresa: La pequeña Thérèse de Lisieux es símbolo para todos los franceses de una gran santa cercana al pueblo, amada por todos a causa de su simpatía y capaz de mover los corazones más duros. Así, la referencia a esta pequeña gran santa no es casual puesto que es el puente entre la creencia popular (es decir una fe no oficial) y la iglesia estructurada. Por otra parte, la pequeña Teresa también recuerda a una niña normal que recorre el camino de la fe con firmeza y decisión; una niña muy amada por su padre y entre ellos existía una relación muy especial. Por ello no es de extrañar que en un momento determinado esta pequeña santa represente también los deseos de paternidad frustrada de Andreas y a la vez el respeto por lo sagrado. No es de desechar el diálogo entre el bebedor y la santa en la primera visión, donde se expresa con claridad lo aquí dicho:

T: Perché non sei venuto da me domenica?

A: Ma che modo di parlarmi… Dimentichi che sono tuo padre?

T: Perdonami, padre, ma fammi un favore: domenica mattina vieni da me nella chiesa di Sainte Marie des Batignolles.

A: Thérèse… Perdonami tu… Io stavo sognado… Sognavo di avere una figlia come te…

 

Ø      El reloj: Signo del tiempo, del pasado. Esa es su función y cada vez que lo mira Andreas le recuerda algún hecho de su vida anterior, de cuando gozaba de una cierta dignidad. Para Andreas también es signo de la relación existente con su familia, con sus ancianos padres, quienes le dan como regalo en el momento de partir este precioso objeto.

 

Ø      El tren: Recuerda el movimiento, el cambio profundo que sucede al mudarse de un lugar a otro. Para Andreas funciona así y al montarse en el tren deja la familia y la patria,  cambia de vida; también el metro en el cual se monta luego de pasar la noche con Carolina sirve para mostrar un cambio interior en él: ya no es el mismo de años atrás pero tampoco el de la semana anterior.

 

Ø      El espejo: El reflejo especular del rostro de Andreas se presenta varias veces en la película. La primera de ella es cuando va al café elegante y se comienza a ver, dándose cuenta de que está barbado y con mal aspecto. Pero más allá de lo físico, «que reflète le miroir? La vérité, la sincérité, le contenu du cœur et de la conscience»[11]. Así cada vez que se ve Andreas frente a un espejo o en el reflejo de las ventanas del tren, nos está presentando con su mirada y su expresión todo aquello que está presente en su corazón y en su vida.

 

Ø      El vidrio que da doble imagen: Al igual que con el espejo, al ver a través de un vidrio se busca captar la realidad, pero si se da una doble imagen en él, es clara la referencia a una doble cara, a la hipocresía, a presentar una falsa personalidad; así ve Andreas a quienes le han despreciado en el Hotel Champs Elysées.

 

Ø      Los lentes: Cada vez que Andreas utiliza los lentes es para poder ver con detenimiento el tesoro que ha apartado para la pequeña Teresa. Los lentes aquí sirven para ver con detenimiento la realidad, para poder descubrirla mejor y despejar cualquier duda al respecto.

 

Ø      Las miradas: No es fácil verter toda la profundidad de un libro, con los pensamientos internos y demás, en una película. Pero Olmi lo logra a través de la mirada. El refrán popular ya lo dice: los ojos son el espejo del alma y a través de ellos se llega a lo más profundo del ser. En esta película, Fantuzzi nos reporta, que el director ha pedido a sus colaboradores que seleccionaban los artistas una especial atención a «la presenza di una luce nello sguardo, che sia indicativa del desiderio di conocere e amare»[12].

 

Ø      El trabajo: Es símbolo de la dignidad del hombre, es un derecho fundamental de cada persona. Aquí es parte de los milagros que le suceden a Andreas y le van devolviendo su autoestima.

 

Ø      Los cristales que se envuelven: Un trabajo muy delicado y son muestra de una confianza máxima en Andreas a pesar de su pulso tembloroso o de los trabajos rudos realizados con anterioridad.

 

Ø      La lluvia: Este es un símbolo universal de la presencia de la Gracia. La lluvia que viene del cielo y riega los campos haciendo surgir nueva vida son una clara imagen de lo que hace la Palabra de Dios cuando llega al corazón del hombre. En nuestra película, el momento en el cual Andreas llega al fondo de su ser y se reconoce perdido es fuertemente contrastado con la lluvia, con la Gracia de Dios que le va revelando la necesidad que tiene este pobre hombre de la ayuda de la pequeña Teresa; por eso es con el caer de la lluvia que repasa su vida y encuentra un nuevo ánimo para visitar a la pequeña santa aunque no tuviera para pagar su deuda.

 

Ø      Las miradas en el Hotel Champs Elysées: Al llegar a este lugar, símbolo parisense de cierta clase y distinción, Andreas es mal visto. Estas miradas expresan el rechazo que se ve fortalecido cuando lo hacen esperar en la sala de equipaje y no en el lugar normal destinado para ello. Andreas es un excluido y considerado desgraciado por los demás, estas miradas lo recuerdan.

 

Ø      El Hotel: Los dos hoteles donde pernocta Andreas simbolizan la dignidad que va alcanzando como persona. Dormir bajo un techo digno es un derecho fundamental del hombre, pero Andreas no lo poseía y es gracias a los pequeños milagros como puede acceder a ellos. Allí él es un hombre distinto, aunque no con una morada permanente sino temporal, como el peregrino que aún no ha llegado a su lugar final.

 

Ø      El baile: La danza es símbolo de celebración y una forma de lenguaje corporal. Cuando es un baile entre dos personas, se crea una comunión que va más allá de las palabras, una sincronización que muestra la capacidad de expresión profunda entre aquellos dos bailarines. Lo mismo sucede en nuestra leyenda, significando la incapacidad de Andreas de bailar con su pareja la misma ausencia de profundidad en la relación interpersonal. Le gustaba ver bailar pero él mismo no lo podía hacer. Era atraído por la idea de una relación profunda (con Carolna o Gaby) pero no era posible para él, debido a su misma estructura psicológica, llevar adelante esta sintonía. Lo muestra claramente Olmi en la escena del baile con Carolina, en la cual ella al no poder bailar con Andreas se encuentra otra pareja, cosa que no le gusta al bebedor y decide llevársela de allí.

 

Ø      La relación sexual: En la leyenda del santo bebedor la relación sexual no es símbolo de desgracia o pecado, sino el proceso que hace Andreas para reconocerse nuevamente como persona capaz de interactuar con otros. Es un hecho sagrado el reconocer el cuerpo y en su proceso de conversión esto se hace palpable: la primera es una relación desconocida en el sentido de su propia persona, puesto que se busca a sí y llegar a encontrarse; la segunda es una relación para reconocer el amor presente en el pasado; y la tercera surge de un enamoramiento que lo constituye en persona con sueños e ideales. De ahí que se pueda decir sin temor que en cada uno de los encuentros entre Andreas y estas mujeres está cambiando su condición de egoísta a donarse a la otra persona.

 

Ø      Los niños: En la película se presentan niños en siete escenas importantes: la primera cuando se encuentra en el café y pregunta si mañana es domingo, la mesera es acompañada por una pequeña niña que se queda apoyada de la mesa mirando a Andreas, en ese momento él recuerda el compromiso con la pequeña santa; la segunda es cuando va a la Iglesia el primer domingo, inicia su camino preguntando a un niño en bicicleta quien le indica hacia dónde es la Iglesia; la tercera y quinta escenas de niños muestran a los monaguillos jugando fuera de la Iglesia, esperando por la misa; la cuarta y sexta son las dos apariciones de la pequeña Teresa; y, por último, la séptima escena es en el momento de la muerte cuando está rodeado, junto a los adultos, por los monaguillos y ve a la pequeña Teresa. Los niños son quienes creen con mayor pureza en el Dios de la vida, ellos no buscan engañar a nadie con su fe, sino vivirla de manera radical. Por otra parte, de ellos es el Reino de los Cielos.

Al ver la película me surgía la duda si la aparición de los niños en esos momentos importantes, como señales que invitaban a Andreas a la fe, indicarían también una cierta fe infantil en nuestro protagonista. La duda queda aclarada por el mismo Olmi, cuando refiriéndose al final del film afirma: «Vorrei (...) che fossimo diventati tutti capaci di guardare la realtà (e magari anche il film) con l’occhio di chi affronta il creato senza pregiudizi. Vogliamo dire addirittura con l’occhio di un bambino? E che cos’è il bevitore di Roth se non un bambino?»[13].

 

Ø      El traje nuevo: En el momento en el cual vivió con mayor dignidad, es decir bajo un techo, una relación con la ilusión de que no fuera pasajera[14], realizando un paseo y con más de 900 francos en el bolsillo, viste un nuevo traje para él. Nos hace recordar las exhortaciones de San Pablo (Ef 4,17-24):

 

Les digo, pues, esto y les conjuro en el Señor, que no vivan ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente, sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza los cuales, habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas.  Pero no es éste el Cristo que ustedes han aprendido,  si es que han oído hablar de él y en él han sido enseñados conforme a la verdad de Jesús  a despojarse, en cuanto a su vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias, a renovar el espíritu de su mente,  y a revestirse del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.

 

El traje regalado por Kaniak es símbolo del hombre nuevo en quien se quiere convertir Andreas: libre, generoso, con un amor puro y practicando la justicia.

 

Ø      El pasaporte: Andreas es un expulsé de su país, de la sociedad. Es un extranjero errante, rechazado por todos y sin esperanzas de poder ser aceptado por nadie. Era visto con desconfianza y signo de ello es el pasaporte. Su tránsito no es en la legalidad sino en la clandestinidad; de ahí el temor que expresa cuando es parado por el policía. Por otra parte, el ser expulsado de la sociedad también indica estar fuera de la Iglesia oficial; de ahí la sorpresa que expresa cuando el Señor Distinto se dirige a él como hermano.

 

Ø      El sonido de las campanas: En la tradición cristiana occidental, el sonido de campanas significa dos cosas principalmente: en primer lugar es un llamado a los feligreses a congregarse, a formar comunidad; luego es signo de alegría por el triunfo de Cristo con su resurrección. Las campanas cumplen las dos funciones en la película: el primer domingo se despierta Andreas al escuchar el repicar de las campanas y recuerda que debe ir a la Iglesia para su encuentro con la pequeña Teresa; la última vez que se escucharán será en la agonía de Andreas y el momento de su muerte como muestra del triunfo de la Gracia sobre el pecado.

 

Ø      La silla del obispo: Andreas muere sentado en la silla del obispo, hecho que no es dejado al azar por el director de la película. De ser nadie pasa a morir en el lugar donde se sienta la mayor dignidad eclesial: la sede episcopal. Muere rodeado por la Iglesia oficial (los sacerdotes y los monaguillos) y la Iglesia popular (los hombres del bar), como un signo de comunión y unidad que se hacen presente en la persona del obispo (representado por su silla). De esta forma Andreas cumple la función apostólica de unir estos dos mundos tantas veces separados entre sí.

 

Ø      El número tres: Así como Jesucristo resucitó al tercer día, no es por casualidad que Andreas llegue a su encuentro final con el Señor al tercer domingo. Es todo un proceso que recuerda caída y levantada pero no llega a su totalidad hasta que no es completamente dejado en las manos de Dios.

 

Hemos explicado algunos de los símbolos más fáciles de ubicar en el film. Seguramente existen algunos más como la música y su funcionamiento en la trama, pero para los efectos finales de estas páginas, los aquí presentados son suficientes. Por otra parte, cada personaje también posee una función simbólica, pero para ello dedicaremos la próxima sección.

 

 

 

 

Los personajes de La Leyenda del Santo Bebedor

 

            En esta película nos encontramos con una serie de personajes que cumplen funciones muy claras dentro de la trama. Ninguno está de más ni falta alguno, son los precisos para dar la idea de la historia. Ahora presentaremos cada uno de estos personajes y el rol que tienen, para lo que seguiremos su orden de aparición en la película.

 

Ø      El Señor Distinto. Hace su aparición bajando las escaleras del puente al lado del Sena, hasta llegar a lo más bajo. La figura de este personaje no es muy clara. Puede ser un viejo rico y generoso que solamente quiere dar limosnas con le pretexto del conocido favor; pero para otros podría ser también una persona que desea hacer caridad y probar la bondad de las personas a ver si llegan a la conversión. Para nosotros es clara la referencia del Señor Distinto con Dios: nos da unos dones, más de los que creemos (200 francos son muchos más que veinte) y nos pide que le demos cuenta de ellos conectados a una comunidad concreta (en este caso la iglesia de la pequeña Teresa). Luego aparece nuevamente en nuestra vida, con bondad ofrece nuevos dones y borra nuestros pecados confiando en nosotros más de lo que nosotros mismos somos capaces.

Cuando es interrogado sobre el sentido de este personaje, Olmi precisa:

Non so rispondere direttamente e neanche voglio farlo. So soltanto che è un tramite per far vivere nel quotidiano la realtà  del miracolo. È il portatore di un sentimento fortemente cristiano, sceso fra gli uomini come uomo. (…) Il Signore Distinto vaga cercando nonn tanto un volto, ma uno sguardo; e lo trova in Andreas. Vuol dire che Dio predilige gli innocenti e li sceglie perché realizzano il suo disegno spontaneamente. In un occhio innocente c’è sempre il riflesso di una grande luce.[15]

 

Ø      Andreas. Es el protagonista de la película, hombre que por la desgracia encontrada en la vida se ha sumergido en la bebida pero con un corazón noble. Carga con sí esta historia y no es capaz de liberarse de ella, pero también está lleno de sueños e ilusiones profundas. El proceso de conversión vivido por él lo presentaremos más adelante.

 

Ø      El padre y la madre de Andreas. Recuerdan los sentimientos y las raíces más profundas de nuestro protagonista. La primera vez aparecen como aquellos que con dolor despiden al hijo y al final son una visión que hace tocar fondo a Andreas con su propio yo y el deseo de conversión.

 

Ø      Carolina. Es símbolo del amor profundo una vez conseguido y perdido para siempre incluso al momento de conocerla. Al encontrarla recuerda todo el pasado vivido, pero también reconoce que no es el amor que le llena. Por eso se va y la deja durmiendo.

 

Ø      Esposo de Carolina. Es el símbolo de la desgracia involuntaria. Al enfrentarse con él por defender a Carolina de la violencia, lo asesina involuntariamente, allí comienza su rechazo por parte de la sociedad.

 

Ø      El sastre. Es capaz de confiar en el hombre desconocido, tanto que lo contrata para un trabajo y le adelanta la mitad del pago. Es símbolo de la responsabilidad a la propia labor y a su esposa. Por atender a su esposa deja de ir con Andreas a beber un trago tan deseado por ambos.

 

Ø      La joven vendedora. Con su simpatía  y su sonrisa le muestra a Andreas la posibilidad de una relación normal personal con otro ser. También es muestra de la bondad y preocupación humana , aunque el otro sea un desconocido.

 

Ø      La prostituta. Simboliza para Andreas la interacción con otra persona, no es de tipo profundo pero es un primer paso para salir de su encierro interior.

 

Ø      La esposa del sastre. Con sus temores internos, ella le da confianza a pesar de que las señales exteriores digan que el trabajo dado es muy delicado para una persona tan ruda.

 

Ø      Teresa: Ya hemos hablado de ella en la parte de los símbolos. Aquí solamente quedaría insistir en la duda si es una realidad o una simplemente una visión. Pero más allá de eso, también nos recuerda la fe infantil de Andreas y cómo es capaz de llenar la necesidad de afecto de nuestro personaje.

 

Ø      El mendigo que lo afeita. También se presenta como una oportunidad para reconocer al otro. Si en un primer momento Andreas no se deja ayudar, en esta oportunidad acude a este compañero de desventuras para que le preste el servicio de afeitarlo. Es también una muestra de reconocer los límites y saber que no puede avanzar sin los otros.

 

Ø      Daniel Kaniak. Su amigo de infancia que ha vivido una suerte distinta a la de Andreas. Lo trata con mucho cariño (el saludo cuando se encuentran) con muestra de sinceridad y conocimiento mutuo (la presencia del espejo). Se preocupa por la suerte de su amigo, aunque sea de momento y le ofrece ayuda.

 

Ø      Gaby. Es la que ofrece una ilusión y hace sentir vivo nuevamente a Andreas (el paseo juntos), con ilusión en la vida (se muestra en la fantasía), pero a la vez esfuente de desengaño (el robo). No es en Gaby donde encuentra el sentido de su vida aunque por un momento le da ánimo.

 

Ø      Woitech. Compañero y amigo desde el tiempo de las minas. Este desventurado se considera un verdadero hermano de Andreas. A pesar de engañarlo y aprovecharse de la bondad del protagonista, quiere compartir la amistad con él. Busca desviarlo de su intención de acercarse a la pequeña Teresa y no comprende porqué ese interés de Andreas por la Iglesia. Sin embargo, al último momento es quien lo lleva a la Iglesia.

 

Ø      Los dos viajeros ancianos. Sirven de referencia para recordar a Andreas sus padres y hacerlo caer en cuenta de dónde se encontraba.

 

Una palabra sobre los Actores

 

            Al desearse representar gente sencilla se buscaron actores desconocidos, sin experiencia. Pocos actores de la película poseían experiencia cinematográfica relativamente amplia como lo son Anthony Quayle (Señor Distinto), Rutger Hauer (Andreas), Sandrine Dumas (Gaby) y Dominique Pinon (Woitech).

 

            Entre las expresiones más impresionantes de la película se encuentra el rostro de Caroline. La actriz intérprete de este personaje (Sophie Segalen) solamente tiene en su haber la película de la leyenda del santo bebedor. Era una desconocida, pero acudió a su experiencia personal de dolor y de amor para dar vida a su personaje.

 

            Por otra parte, el actor Rutger Hauer, quien para el momento de la filmación tenía 44 años, fue elegido por Olmi debido a su papel de un robot que expresaba sentimientos de gran humanidad en la película Blade Runner’s. Hauer se identificó en su papel con gran intensidad debido a que él mismo algún tiempo antes había estado sumergido en el alcohol. Se define como un hombre sin fe a quién le gusta la aventura, algo así como el borracho a quién interpretó. Este es el primer film de Hauer donde presenta gran expresividad y tiene un protagonismo de tal magnitud; hasta este momento ha trabajado en 87 películas.

 

 

Un film que muestra la realidad del corazón humano

 

            De una u otra forma la leyenda del santo bebedor toca el fondo del corazón humano, tal como lo muestran todos los puntos que hasta ahora hemos visto. Pero es así de humana porque parte desde una experiencia límite.

 

La novela original es escrita por Roth cuando se encontraba en la última etapa de su vida, entregado al alcohol y a sumergirse en sí mismo. Por otra parte, este autor vivía exilado en París, no podía regresar a su patria ubicada en el mismo lugar de donde parten Andreas y sus amigos. Por esos detalles es considerada por algunos una novela en parte autobiográfica, donde la misma búsqueda del autor se confunde con la situación del protagonista de su pluma. Luego de la muerte de Roth en 1939 se publica la leyenda del santo bebedor como su obra póstuma.

 

Por su parte, cuando Olmi lee la novela, se siente atrapada por la misma. Y si bien este autor, considerado como católico por sus trabajos, no cree ser un buen lector, entró en el espíritu de la novela para captarla y transmitirla lo más fielmente posible al espectador. También este director descubre en la novela la humanidad de Andreas y la importancia de la amistad que él mismo comenzó a valorar al estar muy cerca de la muerte. En ese sentido Olmi procura transmitir más que una historia, es un mensaje de esperanza para todo aquél que se deje tocar por este espíritu del santo bebedor.

 

Precisamente por la universalidad del mensaje y con la intención de envolver al espectador de todos los tiempos, el director luchó por presentar una París con la menor cantidad de signos temporales posibles. Ello favorece a que el espectador se vea reflejado en la historia de Andreas, en su infancia espiritual, en su miseria, en sus deseos de levantarse y caminar hacia la Gracia pero la incapacidad de hacerlo, en fin, el espectador se encuentra como ese pobre bebedor que sin saberlo llega a la santidad silenciosa.

 

Así, desde el autor del libro hasta el espectador son tocados y enfrentados a sí mismo y a su disposición de acoger la Gracia al observar esta leyenda. Pero, ¿qué es lo que cuestiona tanto? Sin duda es la contraposición tan fuertemente presentada, los extremos que se tocan, pecado y gracia, que lejos de ser una dialéctica inconciliable se presentan con la naturalidad del hombre común.

 

 

La metáfora operativa del film

 

            Para lograr su objetivo, la película presenta una metáfora operativa consistente en el milagro del dinero. A través del nexo que se crea entre el dinero como don de Dios, siempre destinado al servicio de los demás pero también para recordar la presencia del Señor, y la palabra milagro, el autor pretende llevarnos a reconocernos a nosotros mismos en el bebedor, en los dones recibidos y lo que hacemos con ellos, así como la presencia constande de Dios en nuestras vidas.

 

 

El proceso de Conversión de Andreas o porqué este bebedor es Santo

 

            La historia comienza mostrando a un Andreas que ha rechazado la condición de ser humano, con límites y alegrías, cerrándose en sí mismo y cortando toda relación con los demás. Así lo demuestra en las primeras palabras que cruza con el Señor Distinto:

 

S.D.: Où allez-vous mon frère?

A: Où allez-vous mon frère? Non sapevo di avere un fratello…

 

            Pero el anciano no se deja vencer por la sequedad del ebrio y le declara su intención de fe: mostrarle el camino que le llevará a Dios. Pero, ¿cómo debe transitar Andreas ese camino? En primer lugar deberá reconocerse así mismo como una persona con valores y defectos, pero sobre todo con una tarea confiada por Otro a él. Esa es la tarea de este desconocido que también vive bajo los puentes. Así el valor inicial que se da el mismo Andreas, 20 francos, es multiplicado diez veces por el anciano. Así Andreas se siente aceptado por otro y al mismo momento redescubre sus valores.

 

            Claro, en todo este proceso hay algunas reglas del juego que deben ser seguidas: pagar la deuda (como en la parábola de los talentos, podríamos decir) y hacerlo en manos del sacerdote. El cuándo hacerlo, dependerá el mismo proceso que sigue Andreas.

 

            La gran tentación de nuestro amigo es la bebida, pero más que una tentación se ha convertido en una condición de vida. Así se nos recuerdan nuestras debilidades, aquellos ídolos que nos han hecho renunciar a nuestra labor y nos han abatido. No es un camino lineal el que recorre Andreas ni tampoco lo es el recorrido por nosotros. Es un camino en espiral, en el cual nos levantamos y caemos, pero la caída parece cada vez más profunda. Así como Andreas se da por vencido y vuelve a su condición anterior, sin esperanzas hasta que ocurren los siguientes milagros, nosotros también dejamos de luchar y nos damos por vencidos hasta que ocurra algún pequeño milagro en nuestra vida que nos recuerda el amor que Dios tiene por nosotros.

 

            De un ser sin identidad, Andreas va poco a poco recobrándola por el propio reconocimiento (se ve en el espejo, recuerda su historia...) y por la interacción con los otros que confían en él, como es el caso del sastre y la esposa. Recibe confianza y tiene valor para aceptarla, aunque sabe que probablemente fallará.

 

            En todo este proceso, Andreas decubre, como lo hace un adolescente, el sentido de la sexualidad. Va creciendo progresivamente en la relación con las mujeres en cuanto a profundidad: pasa de estar con la prostituta a dormir con Carolina, la amante de otros tiempos, y finalmente descubre a Gaby con un sentido distinto, con ilusión, con ganas de amar... aunque posteriormente cae nuevamente en el prostíbulo, donde pierde todo sentido de sí y de la realidad, terminando con una insatisfacción profunda que lo lleva a tocar el fondo de su vida. Creo que quienes buscamos seguir radicalmente a Cristo, también debemos descubrir cuáles son nuestros vacíos afectivos para poder rellenarlos realmente y no colocar allí todas nuestras esperanzas e ilusiones.

 

            Andreas redescubre el sentido de la amistad, de la hermandad y así se deja llamar hermano –esta vez sin cuestionar pero afirmando- tanto por Kaniak como por Woitech. Es más, el hecho de que nuestro bebedor vaya a buscar al amigo de la infancia es ya un gesto de verdadero reconocimiento del otro y aceptación de sí mismo, ya que lo hace sin vergüenza y se presenta como lo que es: un borracho que duerme debajo de los puentes. Este mismo autoreconocimiento lo hace con Carolina, quien no esconde su sorpresa ante tal revelación. Pero si para Carolina nuestro protagonista fue solamente un recuerdo del pasado, para Kaniak su sentido fraternal se expresó al darle cosas... No hubo una preocupación por ayudarle a remediar su verdadera situación. Son tantas los acontecimientos en nuestra vida que se presentan de la misma forma, creyéndonos que solamente contemplando el pasado como un tiempo mejor o colocando nuestras esperanzas en los bienes materiales podremos hallar la verdadera paz; pero al igual que Andreas nos damos cuenta de que terminamos vacíos.

 

            En la relación con Gaby, Andreas desea rehacer su vida. Pero el error esta vez está en colocar toda su confianza en un amor humano, una persona que al final terminó abusando del bebedor. Es tan clara la oportunidad para Andreas de salir adelante que en los dos días que estuvo con Gaby no se emborrachó. Es cuando se da cuenta de cómo le ha fallado que comienza a beber nuevamente. Si bien el amor humano es importante para salir de nosotros y vivir profundamente, no es la base de la libertad interior que debe estar fundada en valores sólidos y no en emociones que nos muevan como veletas.

 

            Woitech, por su parte, se convierte en el amigo aprovechador que no entiende las intenciones de Andreas y busca distraerlo hacia otro lugar. Como ya se ha visto en diversas escenas, Andreas busca dar todo a los demás, sin quedarse con algo para sí mismo; basta recordar que es él quien paga la bebida al sastre, paga el almuerzo a Carolina, paga el taxi con el entrenador de Kaniak, lleva a Gaby a pasear, ayuda a Woitech en su supuesta deuda porque él mismo sabe qué es eso de deber dinero... En fin, gasta todo en los otros y muchas veces a costo de la misma deuda con la santa. Aquí nos recuerda la parábola del buen samaritano cuando Jesús reclama que es más importante ayudar al prójimo en peligro inminente que ir corriendo al templo para cumplir; Andreas ayuda a su amigo antes de pagar la deuda.

 

            Pero en todo este proceso la pequeña santa de Lisieux juega un papel muy importante. Ella se convierte en el rostro benigno de Dios para el bebedor; es quien con humildad y sencillez le reclama que no haya ido al encuentro dominical, es quien sale a su encuentro y en lugar de querer recibir la deuda le busca ayudar. Gesto grandioso este último que nos ayuda a reconocer que no somos nosotros quienes damos algo a Dios, sino es Él quien nos lo da todo, así como que no es una deuda que tenemos con Él sino el encuentro que surja de nuestro amor.

 

            La figura de Teresa está muy ligada a la del Señor Distinto, siendo en el proceso de Andreas la voz de Dios y de su conciencia. Es de notar que la segunda vez que aparece el anciano se hace el desmemoriado y confía nuevamente en la bondad del hombre. Es como el padre del hijo pródigo que recibe nuevamente a quien se ha ido y despilfarrado la herencia, pero lo llena de sus bienes. En todo el proceso de Andreas, el segundo encuentro con el Señor Distinto lo lleva a sumergirse en lo más profundo de su crisis existencial, reconociendo su miseria ante tanta magnificencia, releyendo su vida y su historia ante un amor distinto que lo sobre pasa. Ese es el momento más palpable de la conversión y es finalmente la santa quien lo salva de caer nuevamente en la bebida, por eso dice llorando a los pies de la santa: «Mai avrei pensato che una santa così grande e così piccola, una creditrice, una creditrice così piccola e così grande mi facesse anche l’onore di cercarmi dopo che ho mancato per tante volte di venire da lei… Capisco, lei è molto delicata e premurosa… Io ho mancato, le devo 200 franchi. E finalmente ora posso sdebitarmi… Ah, signorina santa».

 

            Finalmente, el hombre llega al momento de su conversión y paga su deuda, la cual no consistía tanto en los 200 francos sino en reconocer tantos milagros que ha hecho Dios a lo largo de toda su vida. Así no nos queda más que decir como Roth, quien es citado por Olmi para cerrar el film con una frase que funciona más como oración que como poesía: «Conceda Dio a tutti noi, a noi bevitori, una morte così lieve e bella».

 

 

Ficha de Trabajo:

 

1. ¿Por qué se puede hablar de Andreas como el santo bebedor? ¿Qué características de santidad están presentes en su proceso?

 

2. ¿En qué se parece y se diferencia Andreas de ti?

 

3. ¿Qué rol juegan el señor distinto y la pequeña Teresa para el proceso de Andreas? ¿Hay alguien que juega el mismo rol en tu vida?

 

4. ¿Cómo es tu sentido de responsabilidad hacia Dios? ¿En qué te ilumina la actitud de Andreas?

 


[1] Cfr. FANTUZZI, V. «La “Leggenda” di Roth e Olmi» en Civittà Cattolica 40-1 (1989), 559.

[2] Idem.

[3] Estos datos se recaudaron en las páginas dedicadas a la película La Leggenda del Santo Bevitore en los lugares de internet www.imdb.com y www.allocine.com.

[4] Tulio KEZICH y Pedro MACCARINELLI. Da Roth a Olmi. La Leggenda del Santo Bevitore. Nuova Imagine Cinema, Siena 1988, 147-148.

[5] Cfr. Jean CHEVALIER y Alain GEERBRANT, Dictionnaire des Symboles. Robert Lafont Jupiter, París 2000, 294.

[6] Jean CHEVALIER y Alain GERBRANT, op. cit., 299.

[7] Jean CHEVALIER y Alain GERBRANT, op. cit., 297.

[8] Jean CHEVALIER y Alain GERBRANT, op. cit., 708.

[9] Jean CHEVALIER y Alain GERBRANT, op. cit., 1020.

[10] Jean CHEVALIER y Alain GERBRANT, op. cit., 413.

[11] Jean CHEVALIER y Alain GERBRANT, op. cit., 636.

[12] Virgilio FANTUZZI, op. cit., 565.

[13] Tulio KEZICH y Pedro MACCARINELLI, op. cit., 157.

[14] Poco después de dejar a Gaby le confiesa a su amigo Woytech «mi sono inamorato per due giorni».

[15] Tulio KEZICH y Pedro MACCARINELLI, op. cit., 153-154.

 


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© Néstor A. Briceño L, sds. 2005

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