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Cuando
Sea Grande Ya Verán El Reino de Dios es para los que se parecen a los niños, y les aseguro que quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Mc 10,14-15 Ficha Técnica: Película:
Si
tuviera 30 – 13 going on 30 Dirigida por: Gary Winick Actores: Jennifer Garner, Mark Ruffalo, Judy Greer, Christa B. Allen. Estudios:
Revolution Studios – Thirteen Productions LLC. Duración: 98’ Censura: Apto para adolescentes. Valoración: Más que una comedia es un cuestionamiento sobre la vivencia de los valores. Breve
Comentario: “Cuando
yo sea grande seré...”, con esta frase normalmente identificamos de niños
aquellos sueños e ilusiones a los cuales quisimos dedicar nuestras vidas. Para
algunos, esas metas de la niñez se fueron fortaleciendo y lograron alcanzarlas
durante su juventud, mientras que otros se alejaban de aquello susurrado por sus
corazones y se trazaron planes de vida completamente distintos en aras de la
“verdadera” felicidad. Claro, no podemos negar la existencia de un grupo
dispuesto a lograr esas ilusiones pero en el camino encontraron desvíos,
desvirtuándose en el camino el fondo del propio ser. Normalmente
es en la década de los 30 años cumplidos cuando vemos hacia atrás y
comparamos nuestros sueños de adolescentes con la realidad que se vive. ¿Y por
qué sucede allí? Precisamente porque es el paso de la juventud –época de
cambio, conformación de valores personales y de lucha por los ideales– a la
adultez, tiempo en el que se
configura el rostro físico, psicológico y espiritual del individuo. Pero
imaginemos por un momento que sucede al revés: tenemos trece años y por obra
de magia nos despertamos un día y vemos que llegamos en una sola noche a los
treinta; ¿cómo se han realizado aquellos sueños? ¿realmente lograste ser
quien querías ser, tener lo que deseabas? ¿qué pagaste para llegar a esa
nueva realidad? Ese
es el tema de la película comentada en esta ocasión, donde vemos a Jennifer
Garner en un papel completamente distinto al cual nos tiene acostumbrados en la
serie Alias; sin embargo, resulta encantadora en este nuevo rol. Con su
sencillez y candidez al encarnar a Jenna Rink, totalmente diferente a la
picardía y complejidad de Sydney Anne Bristow, nos da una gran enseñanza:
la vida no es buena ni mala, es un don que podemos aceptarlo o rechazarlo. Quien
descubre ese gran regalo y se abre a él con actitud de sorpresa por las
bondades y dejándose retar por las dificultades, logrará encontrar una
felicidad creativa que le saca de su egoísmo para llevarle a la dinámica de
relacionarse con otros; esa es la actitud de quienes viven la infancia
espiritual, pues luchan por ver, sin ojos ingenuos, la bondad circundante a
ellos para potenciarla y agradecerla. En
cambio, quien se encierra en lograr los propios ideales y no vive por el placer
de agradar a Dios, a los demás y a él mismo, sino para alcanzar un modelo
estipulado por la sociedad como bueno, convirtiendo los medios en fines y
sustituyendo los valores altruístas por meras idolatraciones materialistas y
hedonistas, esa persona ciertamente vivirá parte de su sueño, pero encerrado
en una torre del castillo del ego, temiendo a las traiciones y saboreando la
soledad. Siempre
existirán Jennas, Matts, Lucys y Richards, interactuando unos con otros para
cuestionarse mutuamente desde sus opciones de vida. El punto es que cuando nos
veamos al espejo podamos mantener la mirada fija y agradecer por ser quienes
somos, enfrentar nuestros fallos y corregirlos. Así habrá valido la pena pasar
de los 13 a los 30. Néstor A. Briceño L, SDS Este
artículo ha sido posible gracias a la cortesía de
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