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Vivir
para Trascender ¿Quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los Ejércitos, es el único rey de la gloria. Sal 24,10
Ficha Técnica: Película: Troya – Troy (2004). Dirigida por: Wolfgang Petersen Actores:
Brad Pitt, Eric Bana, Peter O’Toole, Diane Kruger y Siri Svegler. Estudios:
Warner Bros, Radiant Productions y Plan B Films. Duración: 163’ Censura: Para mayores de 16 años por las escenas violentas. Valoración: Una buena adaptación del clásico “La Ilíada”, propia para tiempos de postmodernidad. Breve
Comentario: La publicitada película Troya cuenta con maravillosas actuaciones tanto de las jóvenes figuras como de los ya veteranos en el arte del cine. También cabe destacar los maravillosos escenarios recreados de documentos históricos tanto de la ciudad de Troya como de la vida griega de la época. Hay un énfasis especial en toda la producción a mostrar el realismo de la situación. Así podemos fijarnos en el famoso caballo de Troya: como se sabe, las naves de los griegos son incendiadas en las batallas, así que la madera de desecho es la utilizada para la confección del regalo dejado para los dioses. Sin embargo, hay un deseo que puede ser motivado por un buen o mal espíritu recorriendo la vida de los personajes de la leyenda: ser recordados por generaciones futuras hasta la eternidad. Los principios éticos griegos (ofrecer a los dioses, ser fiel a la mujer, respetar y defender a la patria) se convierten en norte de los personajes nobles de la película: Príamo y Héctor. Así, el recuerdo puede ir pasando de generación en generación ya sea por la vivencia de los principios éticos o siendo un héroe con hambre de dominio. Por ello la razón no siempre dominó las acciones de esta batalla pues los principios éticos también pueden estar empañados por el deseo de proteger lo inalcanzable o escuchar las tradiciones en lugar de lo sensato. En conclusión, Troya es un filme que nos recuerda cómo se forman las leyendas, el precio a pagar para ser recordado por satisfacer un ego que con nuestra muerte se extingue (evoquemos que el sentido de la vida eterna supera nuestra remembranza), y la capacidad de autoengaño erigida como un peligro cuando buscamos la verdad. Néstor A. Briceño L, SDS Este
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