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Ver Con Fe

Una Pasión Cruel

 

Esto sucedió de modo que se cumpliera la Escritura:

“No le quebrarán ni un hueso”;

y otra Escritura dice:

“Mirarán al que atravesaron”.

Jn 19,36-37.

 

 

Ficha Técnica:

Película: La Pasión de Cristo – The Passion of the Christ (2004).

Dirigida por: Mel Gibson

Actores: James Caviezel, Maia Morgenstern, Monica Belluci.

Estudios: Icon Productions.

Duración: 127’

Censura: En varios países la han calificado para mayores de 18 años por la violencia presentada.

Valoración: Una nueva visión de la pasión de Cristo, con elementos novedosos para el espectador que lo conmoverán.

 

Breve Comentario:

 

Mel Gibson tenía razón al desear hacer una película de la pasión de Cristo completamente en arameo y latín. Afirmaba este director que no haría falta entender las palabras, pues la obra está dirigida a cristianos que conocen la historia de Cristo; lo único necesario sería contemplar las imágenes. Ciertamente ha logrado su objetivo el director ganador del Oscar por su filme “Corazón Valiente”.

Desde siempre, el arte ha sido atraído por el tema de la pasión y muerte de nuestro Señor, siendo muchísimos los que han plasmado estas escenas ya sea de manera pictórica o sonora. Contemplar los cuadros de la pasión o escuchar poesías u obras musicales del mismo tema, nos llevan a una esfera más allá de lo racional para comenzar a penetrar el misterio de Dios hecho hombre que da su vida para redimir a toda la humanidad.

Lamentablemente, algunos han convertido la tragedia humana en algo romántico; a esos parece que la película de Gibson les suena exagerada por la crueldad presentada. Según el libro “Autopsia de un Crucificado”, escrito por el médico venezolano Dr. Luis Enrique Palacios Ruiz, la tortura a la que fue sometida Jesucristo ha sido verdaderamente inhumana, llevándole al límite de la resistencia del dolor tanto físico como psíquico.

Acercarse al momento de la redención de la humanidad es necesario para todo cristiano que desee caminar hacia la casa del Padre. La verdadera conversión se produce al tocar con los sentidos del alma al crucificado traspasado por la lanza de nuestros pecados. Es por ello que nos podemos identificar tan fácilmente con el remordimiento que sienten Judas y Pedro, así como la diferencia presentada en ellos al darle cabida a los demonios internos: el segundo se rinde a los pies de la Madre para encontrar la misericordia, el primero se deja llevar a la soledad para encontrar la muerte.

Los ejercicios espirituales de San Ignacio llegan a su culmen durante la meditación que versa sobre la pasión y muerte de Cristo. Al profundizar en los Evangelios mediante la oración, llegamos a la contemplación del crucificado, tal y como la vivieron Juan y María Magdalena; asumimos el rol del Cireneo quien ayuda a cargar la cruz pero no lo hace solo, simpre está allí el Cristo destrozado haciendo su parte; y también somos la Verónica quien ha podido contemplar el “Vero Ikonos” (la verdadera imagen) del Dios sufriente. Repito, la única forma de poder conseguir una verdadera conversión personal es meditando y contemplando la pasión de nuestro Salvador.

El éxito taquillero de la película de Gibson nos lleva a pensar que la gente está necesitada de nuevas imágenes que le ayuden a remitirse a su fe. Ciertamente existen grandes obras cinematográficas que han plasmado la vida de Cristo, pensemos por ejemplo en Christus (1916) de Antamoro, El Evangelio según San Mateo (1964) de Pasolini o Jesús de Nazaret (1977) de Zeffirelli, Jesus (1999) de Young, pero esta nueva película al combinar nuevas técnicas cinematográficas (primerísimos planos, tomas subjetivas, flashbacks, contrastes y coloridos especiales, etc.) lleva al espectador a entrar en la dinámica del filme.

Gibson no ha realizado únicamente un trabajo en el celuloide, también se ha esmerado en marcar el alma de todos aquellos que contemplen su obra, y esto únicamente lo puede lograr un artista cuando está en profunda sintonía con la realidad a presentar.

La presencia continua del Demonio en la película nos lleva a pensar sobre la realidad de la tentación en nuestras vidas. Tentación que se hace más fuerte en los momentos de opción radical por el proyecto de Jesús, al asumir la cruz y seguir de cerca al crucificado; tentación sutil que se presenta una y otra vez entre el traginar de cada día, de cada momento; tentación que es vencida al entregarse como oblación al Padre con el sacrificio continuo y sincero de la muerte propia para dar nueva vida.

La escena final nos recuerda que las marcas de los clavos las carga el crucificado, así como nosotros cargamos las marcas de nuestro pecado redimido, recordándonos que solamente por la misericordia de Dios alcanzaremos la gracia de una nueva vida compartida con Aquél que nos ha precedido. Ese es el centro de nuestra fe pascual, de nuestra razón de ser como cristianos.

Ojalá al ver esta película nos dejemos tocar por el crucificado y salgamos dispuestos a meditar en nuestro interior este gran misterio de nuestra redención.

              Néstor A. Briceño L, SDS

Este artículo ha sido posible gracias a la cortesía de

 

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© Néstor A. Briceño L, sds. 2005

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