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En un mar infinito... Hijos, obedezcan a sus padres en todo, que esto es grato al Señor. Padres, no provoquen la ira a sus hijos Para que no se hagan temerosos. Col 3,20-21
Película: Buscando a Nemo – Finding Nemo (2003) Dirigida por: Andrew Stanton y Lee Unkrich Voces en inglés: Albert Brooks, Ellen DeGeneres, Alexander Gould, Willem Dafoe. Estudios: Pixar Duración: 100’ Censura: Para todo público. Valoración: Una excelente película que puede ser disfrutada tanto por niños como por adultos. Breve
Comentario: La nueva producción de los estudios Disney con Pixar es toda una obra de arte, tanto a nivel técnico, por las figuras computarizadas casi reales, como por el mensaje de la película. No nos corresponde en este espacio ahondar sobre los aspectos técnicos, pero sí es importante resaltar los efectos logrados en la expresión de los personajes, o el efecto de profundidad en las tantas escenas oceánicas. En cuanto a la trama, los guionistas han jugado muy bien con los distintos aspectos que deben estar presente en una película para niños: un poco de diversión, otro tanto de tragedia, algo de suspenso y mucho de enseñanza. Ciertamente, la película comienza con una escena trágica: Marlin está alegre con su esposa Coral por su nueva casa y el montón de hijos que están esperando (¡más de cuatrocientos!). Pero un tiburón se encarga de frustrar todos estos planes, escapándose del desastre únicamente Marlin y Nemo, uno de los pequeños esperados. Marlin se ata completamente a la tragedia. Luego de ser un pez arriesgado pasa a ser un miedoso total y un sobreprotector de su hijo, a quien no le permite desarrollarse en la plenitud de sus capacidades. Cualquier precaución es poca para Marlin, mientras que para Nemo pasa a ser obstinación. Obviamente el padre intenta transmitir a su hijo, de manera consciente o inconsciente, todos sus temores: el océano no es un lugar seguro, repite continuamente Marlin. Pero el temor no solamente se transmite a los hijos, sino que anula a propia personalidad. Marlin es por esencia un pez payaso, pero es incapaz de provocar una sonrisa mientras es dominado por todos sus temores. Únicamente cuando logra integrar las experiencias y liberarse de las ataduras del pasado, es capaz de asumir su propia identidad.
También dejan marcas los esfuerzos por alcanzar grandes metas, como se ven en el cuerpo de Gill. Pero si no nos arriesgamos no lograremos los sueños tan acariciados. Eso lo aprende el pequeño Nemo cuando Gill logra ver en él las capacidades que más nadie ha notado.
Otro
detalle importante. Los personajes que implican un peligro se convierten en
aliados para la búsqueda, recordándonos que todo puede ser una oportunidad
para el éxito. Pero, ¿cuál es el primer paso? Como bien lo insinúa Bruce, el
tiburón, es reconocer la meta que deseamos y detectar aquello que nos impide
alcanzarla.
A veces creemos sabérnoslas todas y no buscamos ayuda donde
podemos encontrarla. El sabio Crush tiene una gran experiencia como padre y
desde allí aporta lo que puede a Marlin. Así que los padres no deben tener
miedo a compartir las dificultades que experimentan con otros que pueden
colaborar en esta tarea tan difícil. ¡Y también debemos estar claros de que
los chicos siempre pensarán saber más que los adutos! “No temas, no permitiré que nada te suceda”, es el compromiso inicial de Marlin con Nemo. Pero Doris le hace entender que definitivamente “si no quieres que le pase nada, nada le pasará”. En otras palabras, si sobreprotegemos a todos, les quitaremos oportunidad de vivir. Pero tampoco podemos vivir a lo loco, idealizando situaciones sin aceptar la propia realidad, porque terminaríamos haciéndonos la misma pregunta final de los peces de la pecera: “¿y ahora qué?”. En conclusión, esta película es fantástica para trabajar tanto con niños como jóvenes y adultos. Las perspectivas para acercarse son múltiples y muy ricas para ser comentadas en casa o en grupos. Néstor A. Briceño L, SDS Este
artículo ha sido posible gracias a la cortesía de
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